Te miro.
Y a veces no sé si veo a mi madre
o a una sombra que la envuelve.
La niebla ha entrado en tu mirada,
suavizando los contornos,
borrando los caminos que antes nos unían.
Fuiste mi refugio,
mi consejo,
la voz que siempre sabía qué decir.
Ahora, muchas veces,
esa voz calla,
y tus ojos se pierden
en un lugar donde yo no puedo alcanzarte.
No me olvides.
Lo susurro sin que me oigas,
lo grito por dentro mientras sonrío por fuera.
Me duele no recordarte entera,
me duele haber olvidado
cómo sonaba tu risa,
cómo se encendía tu mirada.
Me asusta que la niebla,
además de llevarse tus recuerdos,
también arrastre los míos.
Pero a veces,
entre las sombras,
la **luz se abre paso**.
Una sonrisa que aparece sin aviso,
tu mano buscando la mía,
una palabra suelta
que sabe a hogar.
Entonces regresas,
por un segundo,
y el mundo entero respira.
No me olvides.
Sé que sufres.
Sé que, a veces, desear que descanses
es lo más humano y lo más cruel que puedo sentir.
Pero también sé
que mientras tu corazón siga latiendo
y pueda rozar tu piel,
no quiero que te vayas.
Y si un día lo haces,
llévate mi voz,
mis recuerdos,
y este amor que no entiende de olvidos.
Porque aunque no estés, estás.
Porque aunque la niebla borre tus pasos,
el eco de tu vida sigue sonando en la mía.
No me olvides.